Hoy no me levanté de la cama, realmente…
Alguien tomó mi cuerpo (como quien se pone una camisa) y salió de mi habitación.
Alguien frío, sin alma, que caminaba y hablaba como yo. Sus gestos se parecían, pero todo el mundo decía… que parecía una sombra de mí mismo.
 
Pero aquí dentro no hay nadie. Al menos, no conmigo, lo cual hace la situación un poco mas extraña. Si hubiese una voz, o algo que me indicase… pero no hay nada, así que debo de seguir siendo yo, de algún modo.
 
Pero entonces, ¿Por qué hago lo que hago? ¿Qué sentido tiene?
Todo de pronto parece vacío, y yo estoy solo. La música me invita a que me pierda en ella y me quedaría gustoso en ese extraño lugar, quieto como una estatua.
 
El viento contra la cara, y cada golpe del cabello, otro recuerdo de una vida que ahora parece tan lejana como yo mismo…
(Y mi vista se pierde en el horizonte, vacía, y sigo caminando…)
 
Entreveo unos labios rojos de los que bebía sorbos de vida a cada beso, hace tiempo… y durante unos segundos, recuerdo su sabor…
(Y aspiro su perfume, y sigo caminando…) 
 
Casi a la vez, pienso en cada estación de tren o de autobús en las que he parado,  en los caminos que a ellas me llevaron, y en las gentes con quien compartí mesa, bebida o techo. 
Y aquel que solía ser, sonríe durante un rato, recordando los pequeños detalles que componían esos días.
 
La música está terminando, y con ella se lleva todas las imágenes que como fotografías al viento se dispersan en las oscuras direcciones del corazón.
Y levanto la vista, cobrando consciencia de que estoy solo frente a mi destino…
Y quiero tenderme allí, y si es cierto que Sueño y Muerte son hermanos, que el sueño me lleve hasta la orilla de la vida, y me deje desprenderme de la fría piel que asfixia mi alma…
 
 
 
 
 
Pero no hay suerte esta vez, buena o mala, para que se me permita dejar este plano. Nadie se presenta ante mí. No habrá opción, me dicen mis tripas, mi alma y mis sueños:
 
– No puede haberla mientras te quede una historia que contar… La tuya propia.
 
Es entonces cuando realmente pienso en ello, en mi historia sin final, y quizá sea eso. El objetivo, el alimento para que los días tengan sentido. Encontrar ese final. Un buen final…
Y mientras tanto, seguir desarrollando la historia con esmero, puliendola, y buscando nuevos actores para que, llegado el momento, el mejor público venga a verlo…
 
 
 
 
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