Hace poco me encontré con un hombre que estaba solo… y el viento cambió de dirección, llevándose algo con el.
 
Sonrió al reconocerme trás los centímetros que el tiempo me había sumado y estrechó mi mano con firmeza, mirándome a los ojos, como hace la gente que se alegra de verte.
Le recuerdo de cuando tenía que levantar la vista para verle la cara. A el y a su Bella, su vida, y su alegría en forma de mujer menuda y sonriente.
 
La tarde en la que le encontré estaba solo y triste, y quería hablar…
 
Nació solo, y fué abandonado en un orfanato en 1930. Al parecer, por una familia bien posicionada que se había llevado una inesperada sorpresa, que no deseaban compartir con el resto del mundo.
 
Vivió solo, en alquel lugar, con algunos compañeros pero ningún amigo, durante veintiún años… Aprendió el oficio de la forja, con las monjas que se ocupaban de ellos.
Un día se escapó, y sin comida ni dinero acabó durmiendo en las puertas de una fábrica. Allí le encontraron a la mañana siguiente y, al conocer su historia, el jefe decidió ofrecerle un trabajo que, aunque apenas llegaba para pagar la pensión donde se alojaba, bastó para hacerle un hombre libre.
 
Un día la conoció… y el hombre solo, dejó de estarlo, y fué feliz durante mucho, mucho tiempo.
Bella tenía una mirada aguda, pero cargada de bondad. Recuerdo su sonrisa y sus enormes besos en la mejilla cuando nos encontrábamos con ellos, siempre juntos. Sus ojos siempre se empañaban cuando creía entrever en mi cara la cara de mi padre.
Decenas de años de felicidad, y la carga del Hombre Solo fue apartada a un lado, pero nunca desterrada, pues nunca pudieron engendrar hijos que heredar sus nombres.
 
Esta es su historia… casi feliz hasta este mismo punto.
Pero las historias nunca acaban del todo y aunque podría mentiros y disfrazarla con hermosas palabras, no lo haré.
No os gustará saber, amigos, que el Hombre Solo no escapó a su sombra…
 
Y que ella murió hace ahora dos años, pronunciando su nombre…
Y que desde entonces está solo de nuevo y nadie le entiende. 
Le piden que lo supere y que la olvide… que venda su casa y vaya a una residencia, donde estará bien atendido, y acompañado.
 
Pero, ¿sabéis lo que me dijo el Hombre Solo, mirándome a los ojos?
 
Que no quiere olvidarla, por mucho que le duela, porque ella fue toda su vida.
Que no irá a morir a una residencia porque ya nació y pasó veintiún años en una…
Y que lo único que quiere es que le dejen en paz, y vivir en su casa llena de recuerdos hasta que le llegue la hora, pensando en ella.
 
Y aunque me partió el alma, le dí mi apoyo… porque le admiro.
Porque nadie le puede negar a nadie, y menos a un hombre noble que honra el recuerdo de quien ha amado, el derecho a morir como quiera.
Y porque es un hombre solo, que aceptó hace mucho tiempo su condición.
Y, por supuesto, porque la conocí, y lo entiendo… y ojalá tenga el valor de seguir viviendo si me veo en situación parecida.
 
"- Suicidarse dicen, ¡eso nunca!. Eso es lo último…"
dijo el Hombre Solo mirándome a los ojos
 
 
Si que hace tiempo que no me pasaba por aquí…
Ahora recuerdo mi última entrada como algo distante y pequeño. Curiosamente, he pasado los últimos meses delante de pantallas, sin encontrar momento alguno en el que escribir alguna cosa nueva.
 
Supongo que el sueño varía irremediablemente, y que a veces roza tanto la realidad que es complicado no decidir despertar. Ya ha estado a punto de pasar en alguna otra ocasión.
Esta vez estuvo cerca…
El mundo del Cuentasúeños se movió hacia delante una vez más, y nuevamente se vió obligado a afrontar los cambios que sacudían su existencia.
Su manto cambió de color; sus ojos no devuelven quizá… tanta oscuridad como antes y su rostro se amoldó a su nueva conducta.
El refugio estuvo a punto de ser barrido por el olvido, aunque la nostalgia le impidió acabar con el.
 
Pero aquí estoy de nuevo, tras hablar acerca de Gabriel, el Hombre Solo, que merecía que su recuerdo ocupase vuestras mentes durante un rato. El suficiente como para convertirle en una historia.
 
 
 
 
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