Paras las palabras con mordiscos de lengua,
mientras lloras la hora que has derramado
en pos de esa sombra, tu momento preciado,
que cuanto más deseas más crees que mengua…

Y todo se reduce a eso mismo,
una risa que nos salve del abismo;
un lugar donde el tiempo no te encuentre;
una rima que reavive el corazón en el que penetre….

Desde las ciegas redes del silencio,
lanzaré un mensaje, escondido,
para que quien me vea en lo alto del trapecio,
sepa que estoy muerto y no dormido…

¡Miradme! aqui cuelgo solo y desmanejado…
como Polichinela, el arlequín, abandonado,
atado con cuerdas y nudos de piés y manos,
ansiando huir de vosotros, horribles humanos…

He buscado en los sueños a mis hermanos,
y en la Luna a mi Colombina perdida;
Pero durmiendo caí en sueños mundanos,
y la luz de Selene abrasó mi alma herida…

Y ahora trato de romper estos lazos,
para convertir mis gestos en meros trazos,
y comenzar a pintar una vida plena,
donde mi yo no maltrate a mi mente serena.

Con frases sueltas, un pincel, mil colores…
(y la espada en el cinto, por si acaso,
no vaya a ser que un duelo nos salga al paso,)
atravesaré el mundo con sabias decisiones.

… y mientras tanto, dentro del enfado;
Sube el volumen de la banda sonora como un suspiro…
Sonido de vuelo y sequedad en los tambores de circo,
pues la función comienza y el payaso está en el suelo, allí…
tendido…

Una canción para el momento…
Leo Sayer – The Show must go on

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